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A pesar de los esfuerzos del gobierno de Venustiano Carranza, en algunos estados del país se mantenían movimientos rebeldes.
En Chiapas, el movimiento de los ladinos, encabezado por Alberto Pineda, mantenía su lucha contrarrevolucionaria. Los rebeldes hostigaban las principales poblaciones de los Altos de Chiapas, Ocosingo, San Cristóbal de las Casas y la frontera con Guatemala. Carranza comisionó al general Salvador Alvarado para combatirlos. El ejército de Alvarado, compuesto por cinco mil hombres, desalojó a los rebeldes que asediaban la capital, Tuxtla Gutiérrez, y a los felicistas de los pueblos aledaños.
Mientras tanto, las fuerzas del general Miguel Alemán perseguían en la zona del Istmo de Tehuantepec a los felicistas que se encontraban en esa región. Los generales carrancistas daban cuenta de sus victorias sobre los rebeldes, pero no podían derrotarlos.
Estos informes se publicaban regularmente en los diarios para informar del avance de las tropas del gobierno sobre los territorios rebeldes.