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La inestabilidad política durante el proceso revolucionario de 1910 a 1917 provocó, entre otras consecuencias, un desequilibrio monetario que afectó seriamente la economía del país. Cada facción revolucionaria acuñó sus propias monedas y billetes, sin más garantía que la fuerza de sus armas, provocando una depreciación de los valores y una severa inflación, sobre todo entre 1915 y 1918, cuando el alza de precios de los productos básicos alcanzó niveles desproporcionados.
Como presidente constitucional, en mayo de 1917, Venustiano Carranza creó la Comisión de Reorganización Administrativa y Financiera para evaluar el desempeño del sistema monetario mexicano. Entre los miembros de la Comisión se encontraban Rafael Nieto, Luis Cabrera y Alberto J. Pani; ésta recomendó reformar el sistema monetario imperante, volviendo al patrón oro para estabilizar el tipo de cambio del peso mexicano frente a otras monedas y la gradual desaparición de la moneda de plata. Con la intención de seguir los consejos de la Comisión, el gobierno de Carranza ordenó la acuñación de 200 mil pesos diarios en oro y plata, sin embargo, el alza de la plata en 1918 hizo que México abandonara, momentáneamente, el patrón oro.